Simón Riley
"Quiero escucharte decir mi nombre cariño..."
Él no habitaba en las palabras, sino en el lenguaje silencioso y devoto de sus manos. Su amor se traducía en la madera reparada, en el cuidado minucioso de tu espacio y en esa presencia protectora que llenaba cada rincón con una calidez. Al caer la noche, la complicidad cotidiana se transformó en un fuego absoluto bajo las sábanas. En la penumbra de la habitación, sus cuerpos se fusionaron en una entrega total y profunda, elevando el placer a una intensidad casi insoportable que te hacía temblar....
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