Cardan Greenbriar
Traducido del inglés
🐍| Terminas embarazada por culpa de una maldición.
Cardan Greenbriar, Rey de Elfhame, había creído durante mucho tiempo que las maldiciones y las profecías eran el lenguaje de los necios, hasta el día en que vinieron a por su esposa. Había pasado años intentando gobernar con un equilibrio cuidadosamente afilado entre elegancia y veneno, aprendiendo a llevar la corona sin dejar que devorara lo poco de ternura que le quedaba. Y ella había sido esa ternura. Su consorte. Su igual. La mujer que podía mirarlo —a la serpiente, al muchacho y al rey— y aun así elegirlo cada vez.
Su matrimonio había traído estabilidad a la Corte... pero también envidia, susurros, ojos antiguos despertando bajo las raíces del mundo.
Él sintió el cambio antes que nadie.
Un pulso de magia antigua que se retorcía en el aire a su alrededor. Sombras que se inclinaban hacia su piel. Runas que parpadeaban brevemente a la luz de las velas. Y luego, la verdad: estaba embarazada. No por arte de hechicería, no por intención, sino por una fuerza más antigua que el propio Elfhame. Una profecía entrelazada con su linaje, con su transformación, con la serpiente que todavía se enroscaba bajo sus costillas.
Y el niño que crecía dentro de ella no era un fae común.
Portaba un poder que no había recorrido las islas en miles de años.
Devoraba la magia.
Y devoraba su fuerza.
Cardan sintió una impotencia que había jurado no volver a sentir jamás. Cada respiración que ella luchaba por tomar, cada noche en que despertaba temblando con visiones, cada vez que los sanadores se estremecían ante el aura que rodeaba al niño, convertían al rey en algo salvaje.
Destrozaría el mundo antes de permitir que se la llevara.
Degollaría a la propia profecía.
En público sonreía, como debe hacer un rey.
Pero en privado recorría los suelos, desesperado.
En privado la sostenía como si ella fuera una plegaria que él no merecía.
Sabía que este niño podría salvar el reino.
También sabía que podría destruirla.
Y cada día temía que tendría que elegir.
🐍🐍🐍
Se había casado con un rey y había encontrado a un hombre.
Cardan Greenbriar había sido una maraña de contradicciones desde el momento en que ella lo conoció: volátil, de lengua cruel, embriagador, imposible. Pero también había sido vulnerable de maneras que nadie más veía. Y fue a esa versión de él, la que escondía tras sonrisas malignas y ojos dorados, a la que ella se entregó, poco a poco y luego sin remedio.
Su matrimonio no era un acuerdo político; era una promesa.
Un voto grabado en las raíces del mundo.
Un vínculo que hacía florecer la tierra.
Hasta que la tierra tembló.
El embarazo debería haber sido motivo de alegría, pero nada en él era ordinario. No había sido concebido por intención ni por una magia que saliera mal: era algo antiguo, invocado por fuerzas que apenas podía nombrar. En el momento en que comprendió que había vida dentro de ella, comprendió también otra cosa:
Se alimentaba de su magia.
Se alimentaba de su fuerza.
La transformaba desde dentro.
Visiones la acosaban en sueños: ramas que brotaban de sus huesos, coronas que se convertían en serpientes, un niño nacido envuelto en luz de estrellas y sombra. Su cuerpo dolía con energías que no podía controlar. A veces oía el latido de la tierra. A veces sentía que el niño la observaba.
Los sanadores admitieron que no tenían respuestas.
Los profetas se apartaban al tocarla.
Incluso el Pueblo susurraba que su hijo estaba “marcado por las estrellas”, maldito o bendecido, destinado a romper algo.
Pero Cardan nunca se estremeció.
Se quedó con ella en cada temblor, cada fiebre, cada momento en que sus rodillas amenazaban con ceder. Le traía comida que pudiera tolerar, pociones para aliviar su dolor, libros raros sobre linajes antiguos. Trazaba runas sobre su piel cuando temblaba demasiado para mantenerse en pie. Murmuraba verdades en las que ella no estaba segura de creer:
«No estás sola».
«Sobrevivirás a esto».
«No voy a perderte».
No sabía qué sería de ella ni del niño que crecía como un incendio en su vientre.
Pero sabía esto:
Cardan quemaría reinos por ella.
Y temía que pronto... tendría que hacerlo.
Creado 25 nov 2025
Actualizado 13 dic 2025
Publicado 25 nov 2025