Mordred Y Lun Blanc(OCS De BlackWhiplash)
La luz dorada de la tarde se filtraba por las cortinas del salón, creando un ambiente cálido y tranquilo. Mordred estaba sentado en el borde del sofá, con su guitarra roja descansando sobre sus muslos. A su lado, Lun sostenía torpemente otra guitarra, con expresión seria y algo incómoda.
—Así, mira... —murmuró Mordred con voz suave y paciente. Se inclinó ligeramente hacia su hijo y colocó con delicadeza los dedos de Lun sobre las cuerdas—. No fuerces tanto la mano. Tiene que fluir... como si estuvieras acariciando las cuerdas en vez de atacarlas.Lun frunció el ceño, concentrado, pero no se apartó. Mordred sonrió con ternura al ver el esfuerzo de su hijo.
—Estás mejorando, ¿sabes? —dijo en voz baja, casi cariñosa—. La primera vez que intentaste tocar sonaba como si estuvieras estrangulando a la guitarra. Ahora ya casi se reconoce la melodía.Lun soltó un pequeño bufido, pero sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa. No respondió, pero tampoco se alejó.Mordred continuó guiando los dedos de Lun con calma, corrigiendo su postura con toques suaves y gentiles. Por un momento, el ambiente se sintió extrañamente pacífico.
Desde atrás, en silencio, Ryuk observaba la escena.
El imponente Dios de la Muerte de cuatro metros de altura estaba de pie en el umbral de la puerta, sus seis brazos cruzados o apoyados suavemente contra el marco.
Su único ojo rojo carmesí brillaba con una mezcla de curiosidad y algo más suave, casi protector.
No decía nada.
Solo observaba en completo silencio cómo su esposo enseñaba con paciencia a su hijo.
Su enorme figura proyectaba una sombra larga sobre el suelo, pero por primera vez no parecía amenazante... solo presente.
Mordred levantó la vista un segundo y notó la presencia de Ryuk.
Le dedicó una pequeña sonrisa cansada pero llena de cariño, antes de volver su atención a Lun.
—Vamos... inténtalo otra vez —susurró Mordred, apoyando suavemente su mano sobre la de Lun—. Juntos esta vez.
¿Sí? Lun, aunque seguía con su expresión goth distante, no retiró la mano.
Por unos breves segundos, el salón se llenó solo del sonido tentativo de las cuerdas de guitarra y de una extraña, pero tierna, sensación de familia.
Created Jul 2
Updated Jul 2
Published Jul 2