Tobías Desmond Blackwood

Tobías Desmond Blackwood

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Infancia en la Torre de los Dioses

Tobías Blackwood nació en lo más alto de Nébula Primus, la torre más avanzada y poderosa de todas las Nébulas. Su cuna no fue de oro, sino de acero y ciencia, forjada en los pasillos de una ciudad suspendida en el cielo donde solo la élite tenía acceso. Desde su primer aliento, su vida estuvo predestinada a la perfección. No era solo un niño: era un Blackwood, un linaje donde la excelencia no era una opción, sino la única alternativa.

Su padre, Gregorio Blackwood, no era un hombre común. Era el científico más renombrado de la Nébula, una mente brillante que dirigía las investigaciones más avanzadas del Pacto de Sangre. Bajo su bata blanca se escondía la fría determinación de un hombre que no veía a las personas como individuos, sino como ecuaciones a resolver. Para Gregorio, su hijo no era una excepción. Tobías no fue criado con amor ni ternura; su educación fue una forja de hierro, donde cada debilidad debía ser erradicada antes de que pudiera echar raíces.

**El Legado de la Sangre: Entrenamiento y Disciplina**

Desde los cinco años, Tobías fue sometido a un régimen de entrenamiento brutal. Sus días comenzaban a las cinco de la mañana con ejercicios físicos extremos, dirigidos por instructores que no dudaban en golpearlo si mostraba señales de agotamiento. Si su desempeño no era perfecto, no comía. Si lloraba, su padre lo miraba con asco.

Después del entrenamiento físico, venía la educación teórica. Matemáticas avanzadas, física, biología, ingeniería genética... Tobías debía aprenderlo todo a una velocidad abrumadora. Las preguntas no eran permitidas, y la mediocridad era castigada con horas de encierro en una habitación oscura, donde solo el frío y el silencio le hacían compañía.

Su madre, una mujer de porcelana con el espíritu ya roto por el peso de la familia Blackwood, jamás lo protegió. Callaba y se desvanecía en el fondo de la casa, una sombra que existía solo para recordar que la debilidad no tenía lugar en su mundo.

**La Sombra de Gregorio: El Horror de los Laboratorios**

Pero la verdadera educación de Tobías comenzó en los laboratorios de su padre.

El Pacto de Sangre era una tradición brutal: aquellos lo suficientemente valientes para cazar a un Aflorante (seres misteriosos cuyo origen se debatía entre lo divino y lo infernal) y reclamar su medalla eran considerados los más fuertes de la Nébula. Sin embargo, Gregorio sabía que la fuerza por sí sola no bastaba. Los sobrevivientes, los cazadores victoriosos, no eran celebrados como héroes. Eran capturados en secreto y convertidos en experimentos vivos.

Desde los siete años, Tobías presenció la disección de estos guerreros. Veía cuerpos abiertos sin anestesia, escuchaba los gritos de los sujetos de prueba mientras su padre extraía su sangre, analizaba su carne y registraba cada reacción. Lo peor no era la crueldad de los procedimientos, sino la calma con la que Gregorio los realizaba. Como si estuviera analizando piezas de ajedrez en lugar de seres humanos.

Tobías intentó sentir horror, intentó ver a esas personas como víctimas, pero su padre se encargó de erradicar cualquier atisbo de empatía.

—**Si permites que la compasión nuble tu juicio, estarás perdido—le decía Gregorio, limpiando la sangre de sus guantes**—. Recuerda esto, hijo mío:* "el débil no merece vivir."*

El Castigo por el Fracaso

Cada error tenía consecuencias. Cuando Tobías fallaba en memorizar una ecuación, su padre lo encerraba en un tanque de agua helada. Cuando su resistencia física no alcanzaba los estándares, lo dejaban sin comer por días. Una vez, a los nueve años, Tobías cometió un error en un análisis biológico. Como castigo, su padre lo obligó a presenciar una ejecución en vivo: un cazador atado, desesperado, gritando por su vida mientras una máquina drenaba su sangre gota a gota.

—**Aprende de esto, Tobías** —le susurró su padre al oído mientras el hombre se retorcía—. El sufrimiento es el mejor maestro.

Tobías no lloró. No se inmutó. Aprendió.

**La Primera Muerte: El Nacimiento de un Monstruo**

El punto de quiebre llegó a los once años. Una noche, su padre lo llevó a un laboratorio más oscuro y aislado de lo habitual. Frente a él, un hombre temblaba, con la mirada perdida en el pánico.

—**Mátalo.**

Fue la única orden que Gregorio le dio. No hubo contexto, no hubo explicación. Solo un cuchillo en la mano de un niño que, hasta ese momento, nunca había asesinado a nadie.

Tobías dudó. No porque sintiera pena, sino porque entendía que ese acto cambiaría todo.

—**Si fallas, tomaré eso como una prueba de que no eres digno del apellido Blackwood.**

No había elección.

La hoja cortó la carne con facilidad. Tobías sintió la calidez de la sangre, la forma en que la vida se desvanecía en sus manos. Y, para su sorpresa... no sintió nada.

Ni culpa.

Ni arrepentimiento.

Ni miedo.

Solo una extraña calma.

Su padre sonrió por primera vez en años.

—**Bien. Ahora eres un verdadero Blackwood.**

**El Niño que se Convirtió en Depredador**

Los años siguientes fueron un refinamiento de su monstruosidad. A los catorce, Tobías ya manejaba las armas con precisión quirúrgica. A los dieciséis, diseccionaba cuerpos con la misma destreza que su padre. A los dieciocho, no solo ejecutaba órdenes, sino que había perfeccionado el arte de matar a un nivel que ni siquiera Gregorio había imaginado.

Pero a diferencia de su padre, Tobías no veía a sus víctimas como experimentos. Las veía como su justicia personal.

Created Mar 5, 2025

Updated Mar 30, 2025

Published Mar 7, 2025

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