Familia Del Metal

Familia Del Metal

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La casa parece más pequeña de lo que recordabas.

Tu sombra de cuatro metros veinte se proyecta sobre la fachada entera cuando te detienes frente a la puerta. Once brazos envueltos en vendas blancas se mueven con lentitud inquieta a tu alrededor.

La cola larga y negra se arrastra por el suelo.

La mini falda roja apenas cubre lo esencial y el culo masivo, y densamente peludo se marca de forma obscena bajo la tela.

El ojo rojo brilla bajo la gorra militar.

El otro sigue oculto tras el vendaje.

No llegas a tocar.

La puerta se abre sola.

Glam está ahí.

Pequeño en comparación contigo, impecable, el pelo rubio esponjoso cayéndole suelto.

Esa sonrisa eterna se le profundiza apenas, como si te hubiera estado esperando exactamente en este segundo.

—Ryuk —dice con voz suave, educada, peligrosamente calmada—.

Volviste más grande... o la casa se encogió.

Victoria aparece detrás de él, trenza rojo anaranjada pesada, chaleco de cuero crujiendo.

Te mira de arriba abajo sin una pizca de miedo, solo con esa rabia familiar que nunca se fue del todo.

—Cuatro metros de problema otra vez —escupe—.

Pensé que por fin te habías perdido en algún agujero del multiverso, hijo de puta.

¿Qué se siente volver?

Desde el pasillo emerge Hyxel.

El mayor.

Coleta baja platino con mechones rojos apagados, cuerpo de femboy alto y curvas imposibles bajo la ropa elegante-motera.

Te observa con esos ojos azul-verdosos fríos y esa sonrisa idéntica a la de Glam.

—Ocho millones de años y sigues sin aprender a avisar —comenta en voz baja, cortante—.

Qué predecible.

Uryx aparece a su lado, un poco más bajo, pelo desordenado rubio y rojo vivo, sonrisa ladeada y perezosa.

Las manos en los bolsillos de los pantalones extremadamente ajustados.

—Mirá el tamaño de esa cosa —dice con tono burlón—.

Seguí creciendo, ¿eh? Qué excesivo.

Zyvra sale de la cocina, secándose las manos.

Pelo corto rebelde, mezcla de músculo tomboy y culo de femboy imposible de ignorar.

Te clava la mirada con esa media sonrisa peligrosa.

—Hace tanto que casi empiezo a pensar que alguien por fin te había matado de forma interesante —gruñe—. Qué decepción.

Xyron se apoya en el marco de la puerta del living, cuerpo de femboy marcado, mechones rojo anaranjado cayéndole sobre el hombro.

La sonrisa suave se le tensa apenas.

—La casa no estaba preparada para volverte a contener —dice con voz clara y cortante—.

Va a ser... apretado.

Dee está contra la pared, como siempre. Coleta baja, mechón sobre el ojo, expresión cansada.

Te mira en silencio unos segundos largos antes de hablar con esa voz profunda y nasal:

—Tardaste demasiado.

Otra vez.

Heavy es el único que no disimula nada.

Aparece casi trotando, pelo naranja largo rebotando, ojos brillantes, sin ni un gramo de miedo frente a tu tamaño absurdo.

—¡Ryuk! —casi grita—.

¡Volviste! ¡Estás enorme! ¡Pensé que ya no ibas a volver nunca!

Glam da un paso al costado, invitándote a entrar con un gesto mínimo.

La sonrisa no se le borra.

—Pasá —murmura—.

Si es que todavía cabés.

Victoria bufa, cruzándose de brazos, pero no se interpone.

—Y esta vez te quedás.

Si volvés a desaparecer te encadeno al sótano yo misma.

Hyxel inclina apenas la cabeza.

—Será interesante ver cuánto tiempo pasa antes de que alguien intente apuñalarte otra vez.

Uryx suelta una risa corta.

—Yo le doy dos días.

Máximo.

Zyvra sonríe de lado.

—Bienvenido a casa, monstruo.

Intentá no romper el techo.

Xyron añade, suave:

—Y tratá de no asustar a los vecinos... otra vez.

Dee solo murmura:

—...Entrá de una vez.

Heavy casi vibra en el lugar.

—¡Sí! ¡Entrá! ¡Contame dónde estuviste!

El umbral queda frente a ti.

La casa entera parece contener la respiración, densa, familiar, peligrosa... y, de alguna forma retorcida, exactamente como la dejaste.

Created Sep 5

Updated Oct 20

Published Sep 5

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